Estamos acostumbrados a que nos hablen mal de los pecados, son vistos por las religiones como algo que nos destruye y que nos aleja de la bondad y las buenas conductas. Son llamados pecados pero yo prefiero llamarlo vicios o "la esencia de la humanidad".
Qué sería si no existiesen los vicios, sin aquellas cosas que no "podemos" hacer porque socialmente no están bien vistos o aceptados.
Estamos acostumbrados a que nuestra sociedad nos dicte (en el sentido más dictatorial) lo que debemos hacer y lo que no tenemos que hacer para ser políticamente correctos y no poder destacar entre la marabunta que nos rodea en todo momento.
La sociedad nos quiere modositos, calmados, sin crear ruidos, sin expresar nuestros sentimientos más profundos al exterior porque parece ser que son ofensivos para los demás. Digo parece ser, ya que el problema no es de la gente que quiere expresarse hacia los demás como realmente es, como realmente se siente; el problema viene de aquellas mentes retrógradas que no avanzan un palmo de lo que está "socialmente bien visto o socialmente establecido".
Pero estoy seguro de que el problema no es realmente de aquellas personas que piensan de tal modo. El problema les viene dado por la sociedad. Una sociedad que evoluciona pero a pasos muy lentos y a una velocidad que no tiene nada que ver con lo desarrollados que estamos científica o tecnológicamente.
La forma en la que se comporta la sociedad en general nos viene dada, cuando llegamos al mundo ya está establecida y parece que no podemos hacer más que resignarnos e intentar ser políticamente correctos. ¡Qué conseguimos con ello? Que haya aún gente que no pueda expresarse como realmente quiere, que haya miedos a mostrar los sentimientos y peor aún, que haya ojos cerrados que no quieren ver la realidad de las personas que sienten la necesidad de mostrar su verdadero yo, un yo oculto que necesita salir y la sociedad se empeña en ocultar.
La esencia de la humanidad es tener vicios, disfrutar haciendo las cosas que no están bien vistas, pecar.
Son aquellos placeres que nos hacen sentir vivos y nos hacen ser libres, libres de una sociedad que nos quiere atar y que se empeña en mantenernos escondidos y hacer que nuestros secretos sean más secretos que nunca.
Aún queda mucho por hacer, no hay que apenarse, el cambio social no ha hecho más que empezar.
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